En lo que se refiere a la parte técnica, Babel es una película dotada de infinidad de recursos cinematográficos. Aprovecha los planos generales y panorámicos para mostrar imágenes de lugares llenos de gente, como por ejemplo en Japón, donde hay gran cantidad de personas que caminan por la calle con gran ajetreo y sin perder nada de tiempo. De este modo, se expresa la soledad que se puede llegar a sentir en una ciudad grande y con tantas personas. A su vez, esta misma soledad es expresada también en lugares poco poblados, con planos donde se observa a uno o varios actores, como cuando la niñera se encuentra caminando sola por el desierto. También utiliza planos medios y primer plano; y hace uso del plano americano y plano detalle para destacar gestos, heridas, utensilios y objetos sobre los que interesa llamar la atención en el momento. En varias ocasiones utiliza encuadres desde arriba, como en el ático de Japón. Usa mucho el enfoque subjetivo, para poner al espectador en el lugar del personaje (cuando el niño marroquí mira por el agujero, por ejemplo).
Los movimientos de la cámara junto con la música van adaptados a cada momento. Cuando se dan momentos de angustia, tensión, descontrol o excitantes, la cámara tiembla y la música ayuda a crear en el espectador la angustia que quiere transmitir la película, como en las discotecas de Japón, o cuando la chica japonesa se columpia; mientras que cuando se dan escenas relajadas, la música es tranquila y los movimientos de la cámara son suaves.
Se dan saltos temporales, como la llamada telefónica entre el padre y el hijo, o el disparo al autobús y luego se ve desde dentro de él. Y en ocasiones, mientras se reproducen algunas imágenes, se escuchan conversaciones que se han dado con anterioridad, como en la escena mientras sacan a la mujer americana herida y la llevan al helicóptero.
En los aspectos culturales, no deja de chocar las costumbres y tradiciones de las diferentes culturas (EEUU, México, Japón y Marruecos). Un apartado a destacar es la religión. Aparentemente la familia americana no practica ninguna religión, por ello cuando los niños se montan en el coche que los pasa a recoger, llama la atención como se quedan asombrados por el lenguaje que usa el familiar de su niñera, y la pegatina de la Virgen en la luna del coche. También se ve como la mujer americana se encuentra herida en una casa marroquí, y la anciana comienza a rezar ante la mirada atónita de ésta.
Otro contraste que se comenta de manera clara durante la película es el tema de los hijos y las mujeres. Mientras que el hombre americano tiene una mujer y dos hijos, el marroquí piensa que dos son pocos, ya que él tiene cinco, y no tiene más mujeres porque no puede mantenerlas.
Es interesante observar en la película las situaciones personales de cada personaje. Se encuentran solos, aislados, incomunicados, incomprendidos, aun estando rodeados de gente. Necesitan el afecto de otros ante las malas situaciones por las que pasan.
Utiliza el paralelismo de ver los niños corriendo por el desierto y los niños corriendo en casa. Pero si vamos más allá, podemos comparar las diferentes culturas en las que crecen esos niños, su manera de alimentarse, por ejemplo, unos comen con cubiertos, otros con las manos, mientras que unos se dedican a cuidar las cabras otros comentan a su padre sobre lo que hacen en la escuela, etc.
Cuando nos pone en la piel de la protagonista japonesa vemos como son sus ropas, su cultura, su casa, el ruido, la música, borrosidad en la discoteca, música, neones, flashes…Todo esta globalización para un niño marroquí sería incomprensible.
Si nos detenemos a comparar la policía de Japón con la de Marruecos, es inevitable destcar que los agente marroquís primero pegan o disparan y luego preguntan, mientras que los japoneses cuentan con la presunción de inocencia.
Aparentemente ninguno de los diferentes personajes se parece en nada, pero todos ellos guardan una similitud, todos se dan cuenta que necesitan a alguien, que necesitan a los demás o a algún familiar que les ayude en las situaciones más trágicas o angustiosas, necesitan de alguien que evite ese aislamiento y cure su desesperación. Como indica el director de la película “es posible que lo que hace feliz a un marroquí y a un japonés sea muy diferente, pero lo que nos hace sentir mal es los mismo para todos.”
Rubén Viñas Alfonso.
1º Grado Maestro en E. Primaria.
Universidad de Salamanca (Zamora)